La jornada escolar termina por la tarde, pero para muchas familias el ritmo no se ralentiza cuando suena el timbre de salida.

Quedan los deberes, los entrenamientos, la cena, las quedadas con amigos y preparar la mochila para el día siguiente. Después de pasar buena parte del día siguiendo el horario del colegio, los niños también necesitan tiempo para comer, moverse, relajarse y volver a conectar con la familia.

Por eso puede resultar tentador organizar la tarde minuto a minuto. Sin embargo, una buena rutina después del colegio no tiene que ser idéntica todos los días. Lo importante es crear un ritmo familiar: que el niño sepa qué suele ocurrir al salir del colegio, qué responsabilidades le corresponden y qué debe hacer si cambian los planes.

A medida que crece, también puede asumir un papel más activo en esa rutina. Al principio puede aprender simplemente dónde dejar la mochila. Más adelante, podrá gestionar mejor el momento de hacer los deberes, preparar lo que necesita para el día siguiente o saber cuándo contactar con sus padres si cambia el plan de la tarde.

Una buena rutina después del colegio no solo organiza las horas entre la salida de clase y la hora de dormir. También crea una parte predecible del día que los niños pueden aprender a gestionar cada vez con mayor autonomía.

¿Qué debería incluir una buena rutina después del colegio?

Una rutina útil deja espacio para distintas necesidades: hacer la transición del colegio a casa, comer algo, moverse o jugar libremente, hacer los deberes u otras tareas, pasar tiempo en familia y preparar el día siguiente.

El orden no tiene que ser igual para todos los niños. Las recomendaciones de HealthyChildren sobre las rutinas familiares, de la American Academy of Pediatrics, señalan que la rutina después del colegio puede incluir una merienda, ejercicio, relajación y estudio, en el orden que mejor funcione para cada niño.

Para un niño, la tarde puede empezar con una merienda y un rato de juego al aire libre. Otro quizá prefiera terminar primero los deberes. Los días con actividades extraescolares, a veces apenas hay tiempo de pasar por casa antes de volver a salir.

En lugar de intentar que todas las tardes sean iguales, es mejor crear un ritmo que tu hijo pueda reconocer. Con el tiempo, algunas partes de ese ritmo pueden pasar a ser responsabilidad suya.

Deja tiempo para la transición del colegio a casa

Después de pasar buena parte del día escuchando, aprendiendo y siguiendo instrucciones, un niño no siempre está preparado para recibir otra lista de tareas nada más entrar por la puerta.

Para algunos, la transición es rápida: comen algo y están listos para lo siguiente. Otros necesitan un poco de tranquilidad. Algunos quieren contar todo lo que ha pasado en el colegio antes incluso de quitarse los zapatos, mientras que otros prefieren salir directamente a jugar.

No hace falta convertir esa transición en otra actividad programada. Una merienda, algo de beber y un poco de tiempo para pasar del ritmo del colegio al de casa pueden ser suficientes.

En lugar de empezar cada tarde con un «¿Has hecho los deberes?», prueba primero a volver a conectar. Pregúntale cómo le ha ido el día, si tiene hambre o qué tiene previsto para esa tarde. Sus respuestas pueden darte muchas pistas sobre lo que necesita en ese momento.

Deja espacio para moverse y para elegir qué hacer

Los niños pasan gran parte del día siguiendo horarios organizados por adultos. Después del colegio, también conviene dejar algo de espacio para actividades que puedan elegir por sí mismos.

Puede ser montar en bicicleta, jugar al balón fuera, pasear al perro, dibujar, construir algo, leer, jugar con un hermano o simplemente decidir qué hacer a continuación sin que un adulto les asigne otra actividad.

El movimiento también es importante. Las recomendaciones actuales de los CDC sobre actividad física aconsejan que los niños y adolescentes de 6 a 17 años realicen al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa.

Eso no significa que haya que añadir otros 60 minutos de ejercicio después del colegio. La actividad física puede repartirse a lo largo del día, por ejemplo al desplazarse de forma activa, practicar deporte, jugar al aire libre o realizar otras actividades.

El tiempo libre cumple además otra función: permite que los niños tomen pequeñas decisiones por sí mismos. Una semana llena de deporte, música, clases de refuerzo y actividades extraescolares puede ofrecer muchas experiencias valiosas. Aun así, merece la pena preguntarse: ¿Tiene mi hijo algún momento en el que pueda decidir por sí mismo qué hacer a continuación?

¿Deben hacer los niños los deberes nada más llegar del colegio?

No necesariamente. No existe una única hora para hacer los deberes que funcione mejor para todos los niños.

Las recomendaciones de la American Academy of Pediatrics sobre los deberes explican que algunos niños trabajan bien poco después de llegar a casa, mientras que otros necesitan desconectar y jugar antes. Lo más útil es encontrar un horario y un lugar habituales que encajen con el niño y con la organización familiar.

Observa cuándo parece concentrarse mejor tu hijo. Si llega a casa con hambre y de mal humor a las 15:30, quizá no sea el mejor momento para ponerlo inmediatamente con los deberes. Pero dejar los deberes para demasiado tarde también puede ser un problema si está cansado y se acerca la hora de dormir.

Para un niño, la rutina podría ser:

Merienda → Juego → Deberes

Para otro:

Merienda → Deberes → Tiempo libre

Cuando encuentres un orden que funcione, cierta regularidad puede evitar tener que negociar los deberes cada tarde. También ayuda contar con un lugar habitual, relativamente tranquilo y con pocas distracciones.

A medida que los niños crecen, deja que participen en la decisión de cuándo y dónde hacer los deberes. El objetivo no es solo terminarlos, sino también ayudarles a gestionar cada vez mejor sus propias responsabilidades.

Deja que tu hijo asuma más responsabilidades poco a poco

Cuando los niños son pequeños, es normal que los padres organicen buena parte de la tarde. Les recuerdan los deberes, buscan la equipación deportiva, preparan la mochila y se acuerdan de lo que hay que llevar al colegio al día siguiente.

Con el tiempo, los niños pueden empezar a encargarse ellos mismos de algunas de esas pequeñas tareas.

Un niño más pequeño puede aprender dónde dejar la mochila al llegar a casa, dónde guardar los zapatos o el abrigo y qué necesita antes de empezar los deberes. Más adelante, podrá comprobar si ha terminado las tareas, preparar la bolsa de deporte, recordar qué necesita para el día siguiente o estar pendiente de la hora a la que empieza una actividad.

El papel de los padres también puede ir cambiando. En lugar de decir «Tu bolsa de natación está junto a la puerta», con el tiempo puedes preguntar: «¿Qué necesitas para mañana?».

El proceso puede pasar poco a poco de hacerlo por él, a recordárselo, después a preguntarle y, finalmente, dejar que sea él quien lo recuerde.

Pueden parecer responsabilidades pequeñas, pero la autonomía cotidiana suele desarrollarse precisamente así: mediante tareas que los niños practican hasta que ya no necesitan que un adulto gestione cada paso.

Usa algunos puntos de referencia familiares cuando cada tarde sea diferente

En la vida real, es raro que las cinco tardes de la semana sean iguales.

El lunes puede haber entrenamiento de fútbol. El martes, toca ir a casa de los abuelos. El miércoles queda libre. El jueves hay clase de música. Y el viernes un amigo puede invitar a tu hijo a su casa a última hora.

No hace falta repetir el mismo horario todos los días para tener una rutina. En su lugar, puedes mantener algunos puntos de referencia familiares aunque cambie el resto de la tarde.

  • Volver a conectar: hay un momento para hablar y ponerse al día en familia.
  • Responsabilidades: los deberes y otras tareas acordadas siguen teniendo su lugar durante la tarde o la noche.
  • Comunicación: si cambia el plan, el niño sabe a quién debe avisar.
  • Preparación: las cosas del colegio quedan listas antes de la mañana siguiente.
  • Bajar el ritmo: el día acaba avanzando hacia una rutina más tranquila antes de dormir.

Las horas pueden cambiar, pero estos puntos de referencia siguen siendo familiares. Además, para un niño resulta más fácil aprender este marco que seguir una larga lista de instrucciones distinta para cada tarde.

Cuando cambian los planes después del colegio

A medida que los niños asumen más responsabilidad sobre sus tardes, conviene acordar qué deben hacer cuando cambia el plan habitual.

El entrenamiento termina más tarde. Hoy van a recogerlo los abuelos. Se cancela una actividad. O tu hijo se va a casa de un amigo después del colegio.

Son cambios normales, pero los niños deben saber a quién avisar y cómo ponerse en contacto. Una regla familiar sencilla podría ser: Si cambia el plan, avisa al adulto que te está esperando.

Para algunas familias, un smartwatch para niños puede ser una forma sencilla de mantenerse en contacto sin dar todavía un smartphone al niño.

Los smartwatches infantiles LAGENIO ofrecen funciones como llamadas de voz 4G, localización GPS, SOS y contactos autorizados por los padres, sin redes sociales, navegador web de libre acceso ni aplicaciones de terceros.

El reloj no está para organizar la tarde por el niño. Es una forma sencilla de mantener el contacto cuando la familia lo necesita. A medida que los niños ganan autonomía, la tecnología puede facilitar la comunicación, mientras que unas normas claras, la práctica y la confianza siguen formando parte de la rutina.

Ejemplo de una rutina flexible después del colegio

No existe un único horario después del colegio que funcione para todas las familias. En lugar de asignar una hora exacta a cada actividad, puede ser más útil pensar en un ritmo flexible:

Volver a conectar → Recargar energías → Moverse o elegir → Responsabilidades → Tiempo en familia → Preparar el día siguiente → Bajar el ritmo

Para un niño, los deberes pueden llegar antes; para otro, más tarde. Algunos días, el entrenamiento u otra actividad ocupará buena parte de la tarde. Y habrá ocasiones en las que el plan cambie por completo.

El objetivo no es repetir exactamente la misma tarde todos los días. Se trata de que los niños conozcan suficientemente bien el ritmo como para identificar cada vez mejor lo que toca hacer sin que un adulto tenga que indicarles continuamente el siguiente paso.

En ese momento, la rutina empieza a ser algo más que un horario: se convierte en una habilidad para el día a día.

Preguntas frecuentes

¿Cómo es una buena rutina después del colegio para niños?

Una buena rutina después del colegio suele dejar espacio para la transición del colegio a casa, comer algo, moverse o jugar libremente, hacer los deberes u otras tareas, pasar tiempo en familia y preparar el día siguiente. El orden puede variar según el niño y la organización de cada familia.

¿Deben hacer los niños los deberes nada más llegar a casa?

No necesariamente. Algunos niños trabajan bien poco después del colegio, mientras que otros se concentran mejor después de merendar, jugar o descansar. Un horario habitual que funcione para tu hijo y para la familia es más útil que asumir que existe una única hora correcta para todos.

¿Cómo es una buena rutina después del colegio para niños de 6 a 10 años?

Para muchos niños de Primaria, una rutina práctica puede incluir tiempo para comer algo y volver a conectar, movimiento o juego libre, deberes, tiempo en familia y preparación para el siguiente día de colegio. El orden exacto debería adaptarse a las necesidades del niño, la carga escolar y la organización familiar, en lugar de seguir un horario rígido.

¿Cómo mantener una rutina después del colegio si cada día es diferente?

Céntrate en algunos puntos de referencia familiares en lugar de en horas exactas. Los niños pueden saber que hay responsabilidades que atender, que deben avisar si cambian los planes, que las cosas del colegio se preparan para el día siguiente y que habrá un momento para volver a conectar en familia, aunque cada día ocurra a una hora diferente.

Una rutina que tu hijo puede ir haciendo suya

Una buena rutina después del colegio puede facilitar la vida familiar, pero su valor va más allá de terminar los deberes o conseguir que la mañana siguiente sea más sencilla.

Ofrece a los niños una parte familiar del día en la que pueden practicar cómo gestionar pequeñas responsabilidades por sí mismos.

Al principio, los padres pueden guiar casi cada paso. Con el tiempo, los recordatorios se convierten en preguntas. Y llega un momento en que algunas de esas preguntas ya no hacen falta.

Tu hijo recuerda la mochila. Sabe cuándo toca hacer los deberes. Prepara lo que necesita para mañana. Y si cambia el plan de la tarde, sabe con quién debe ponerse en contacto.

Seguirá habiendo libros olvidados, zapatos que no aparecen y tardes en las que nada sale como estaba previsto. Una rutina no elimina los imprevistos de la vida familiar; simplemente ofrece a los niños algo conocido a lo que volver.

Los padres marcan el ritmo. Con el tiempo, los niños aprenden a hacerlo cada vez más suyo.